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Posted by MDM (Barcelona, Spain) on 28 October 2007 in Miscellaneous and Portfolio.

Siempre me gustó el Otoño.
Esta tarde estuve pensando en otros Otoños y tirando del hilo de la memoria, encontré esto que escribí en Octubre del 2005 en mi antiguo blog "Con el paso cambiao":

El nombre de un lugar sin nombre
“La luz usada deja
polvo de mariposa entre los dedos”
(J.G.de Biedma)

Existe un lugar entre el sueño y la vida, donde anidan armonía, serenidad, equilibrio, quietud…
Hace tiempo, no puedo recordar cuanto, perdí el mapa impreciso y mágico que tenía guardado en mi memoria y que me permitía llegar hasta allí de la mano de la imaginación cuando la realidad me golpeaba con dureza.
De ese lugar sin nombre, sin emplazamiento fijo, hacía mi refugio y en lo que dura un parpadeo recobraba lo perdido, aprovisionaba mi interior con sentimientos puros, limpios, que me permitían recobrar la paz, sentir que la bondad es posible, que el dolor puede cesar, conceder una tregua.
Es un lugar que se encuentra situado donde el mar y el cielo se juntan, justo en el destello de un rayo de sol en la línea oscura que señala el horizonte.
A veces llegué hasta alli a través de la sombra que vive temporalmente entre rama y rama de las palmeras y en otras ocasiones dejándome llevar por la suave melodía que componen al roce entre si de los guijarros cuando son aprisionados por el peso de cualquier huella a la orilla de un riachuelo.
Incluso cerrar los ojos y escuchar con atención el murmullo del viento, que susurraba en mis oídos el nombre de un lugar sin nombre, era suficiente para hacerme volar hasta donde nace la suavidad y la tersura de los pétalos de una rosa.
Añorado lugar donde ahora no puedo cobijarme, mi melancolía tiene una única cura que reside entre el brillo de las estrellas de su cielo inexistente y el calor de su sol imaginado.
Cuantas veces pasee por las veredas de sus bosques, despacio, dejándome bañar entera por la luz que se filtra entre el espeso ramaje de los árboles, cuantas veces subí hasta la cima de sus montañas y me senté a observar como las nubes me envolvían y me regalaban la sensación de ser etérea, mientras la lluvia como una madre primorosa lavaba mi cara y arrastraba mis lágrimas.
En ese refugio sin nombre quedó prendada la esencia que perdí y que ahora busco entre el ruido mundano de la ciudad que corre de un lugar a otro sin llegar a ningún sitio.
Se que lograré llegar de nuevo hasta allí, aunque ahora no encuentre el camino.
Se que llegaré de nuevo hasta allí, porque una voz sin palabras me está llamando.
Es mi propia voz, que pronuncia “sotto vocce” ecos de añoranza que me piden regresar a ese lugar entre el sueño y la vida.

Escuchando: Dust in the wind (Kansas)

Entre mis manos: Volver (Jaime Gil de Biedma)

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Parece que estaba acompañada con buena música y mejor lectura.
Leyendo de nuevo solo se me ocurre pensar que me despisté en Verano, me perdí en Otoño y me reencontré conmigo misma en invierno.
La vida es asi...

Imagen:Passeig de la Font Nova, Camprodón (Girona)
Octubre 2007

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